En una región ya de por sí golpeada por la violencia, los habitantes de Rancho Juárez, en el municipio de Mazatlán, enfrentan una situación crítica que los mantiene en estado de alerta permanente. Desde hace días, los pobladores denuncian vivir bajo un virtual estado de sitio, donde los disparos resuenan sin cesar y el miedo …
Oaxaca en crisis: balaceras y violencia dejan un herido en comunidades triquis

En una región ya de por sí golpeada por la violencia, los habitantes de Rancho Juárez, en el municipio de Mazatlán, enfrentan una situación crítica que los mantiene en estado de alerta permanente. Desde hace días, los pobladores denuncian vivir bajo un virtual estado de sitio, donde los disparos resuenan sin cesar y el miedo se ha convertido en su compañero más constante. Las balas, dicen, no distinguen horarios ni objetivos: llegan de día y de noche, sin aviso, dejando a familias enteras atrapadas en sus propias casas, sin posibilidad de salir a trabajar, a la escuela o incluso a buscar ayuda médica.
Pero la emergencia no se limita a la inseguridad. A pocos kilómetros de allí, en las comunidades de San Juan Copala y Cieneguilla, un incendio forestal arrasa con todo a su paso desde el pasado 3 de marzo, devorando hectáreas de bosque de pino sin que hasta ahora haya llegado un solo brigadista para combatir las llamas. El fuego, que avanza sin control, amenaza no solo la flora y fauna de la zona, sino también las viviendas y medios de subsistencia de quienes dependen de estos recursos naturales. Los habitantes, desesperados, han intentado sofocar las llamas por su cuenta, pero sus esfuerzos resultan insuficientes ante la magnitud del desastre.
La situación se agrava al recordar que, apenas una semana atrás, dos nuevos incendios forestales azotaron la región triqui. Uno en la Sabana Copala y otro en Cruz Chiquita Copala, extendiéndose hasta Río Metate y Llano Nopal. Estos siniestros, sumados al que persiste en San Juan Copala, pintan un panorama desolador para una zona que ya enfrenta múltiples crisis. Las autoridades, por su parte, no han dado señales claras de intervención, dejando a las comunidades en un limbo de incertidumbre y abandono.
Los testimonios de los afectados reflejan una mezcla de indignación y resignación. “No sabemos a quién acudir”, confiesa un vecino de Rancho Juárez, cuya voz se quiebra al describir cómo las detonaciones se han vuelto parte de su rutina diaria. Mientras tanto, en las zonas afectadas por los incendios, el humo espeso y el olor a madera quemada son recordatorios constantes de que el fuego sigue ahí, avanzando, sin que nadie parezca dispuesto a detenerlo.
La pregunta que flota en el aire es la misma que se repite en cada rincón de estas comunidades: ¿hasta cuándo tendrán que enfrentar solos estas emergencias? La violencia y los desastres naturales han tejido una red de la que parece imposible escapar, y cada día que pasa sin respuesta oficial profundiza la sensación de desamparo. Mientras tanto, la vida en Rancho Juárez, San Juan Copala y las demás localidades afectadas sigue en pausa, a merced de balas y llamas que nadie parece capaz de controlar.






